21/5/10

La falacia del jugador

Falacia lógica por la que se cree erróneamente que los sucesos pasados afectan a los futuros en lo relativo a actividades aleatorias, como en muchos juegos de azar.

Puede comprender las siguientes ideas equivocadas:
  • Un suceso aleatorio tiene más probabilidad de ocurrir porque no ha ocurrido durante cierto período.
  • Un suceso aleatorio tiene menos probabilidad de ocurrir porque no ha ocurrido durante cierto período.
  • Un suceso aleatorio tiene más probabilidad de ocurrir si ocurrió recientemente.
  • Un suceso aleatorio tiene menos probabilidad de ocurrir si ocurrió recientemente.

27/5/08

Aleph-cero

El concepto de número cardinal fue inventado por Georg Cantor en 1874, e indica el número de elementos que pertenecen a un conjunto.

Asimismo, Cantor definió el conteo usando la correspondencia biunívoca, la cual mostraba que dos conjuntos tenían la misma cardinalidad si había una relación biyectiva entre sus elementos.


Esta correspondencia uno a uno, le sirvió para crear un concepto de conjunto infinito, el cual consiste en tener todos sus elementos relacionados de forma biyectiva con el conjunto de números naturales (N= {1, 2, 3, ...}) y asignó a la cardinalidad de dichos conjuntos el valor אo (aleph-cero), el cual constituye el primero de los números transfinitos.

9/10/07

Numeri sacrati erant II

-Admirable fortaleza -dijo- en cuyas proporciones refulge la misma regla áurea que guió la construcción del arca. Dispuesta en tres plantas, porque tres es el número de la trinidad, tres fueron los ángeles que visitaron a Abraham, los días que pasó Jonás en el vientre del gran pez, los que Jesús y Lázaro permanecieron en el sepulcro; las veces que Cristo pidió al Padre que apartase de él el cáliz amargo, las que se retiró para rezar con los apóstoles. Tres veces renegó Pedro de él, y tres veces apareció ante los suyos después de la resurrección. Tres son las virtudes teologales, tres las lenguas sagradas, tres las partes del alma, tres las clases de criaturas intelectuales, ángeles, hombres y demonios, tres las especies del sonido, vox, flatus y pulsus; tres las épocas de la historia humana, antes, durante y después de la ley.

-Maravillosa armoma de correspondencias místicas -admitió Guillermo.

-Pero también la forma cuadrada -prosiguió el Abad- es rica en enseñanzas espirituales. Cuatro son los puntos cardinales, las estaciones, los elementos, y el calor, el frío, lo húmedo y lo seco, el nacimiento, el crecimiento, la madurez y la vejez, y las especies celestes, terrestres, aéreas y acuáticas de los animales, los colores que constituyen el arco iris y la cantidad de años que se necesita para que haya uno bisiesto.

-¡Oh, sin duda! Y tres más cuatro da siete, número místico por excelencia, y tres multiplicado por cuatro da doce, como los apóstoles, y doce por doce da ciento cuarenta y cuatro, que es el número de los elegidos. -Y a esta última demostración de conocimiento místico del mundo hiperuranio de los números, el Abad ya no pudo añadir nada.

Umberto Eco (El Nombre de la Rosa)

17/8/07

Numeri sacrati erant

Tres órdenes de ventanas expresaban el ritmo ternario de la elevación, de modo que lo que era físicamente cuadrado en la tierra era espiritualmente triangular en el ciclo.

Al acercarse más se advertía que, en cada ángulo, la forma cuadrangular engendraba un torreón heptagonal, cinco de cuyos lados asomaban hacia afuera; o sea que cuatro de los ocho lados del octágono mayor engendraban cuatro heptágonos menores, que hacia afuera se manifestaban como pentágonos. Evidente, y admirable, armonía de tantos números sagrados, cada uno revestido de un sutilísimo sentido espiritual.

Ocho es el número de la perfección de todo tetrágono; cuatro, el número de los evangelios; cinco, el número de las partes del mundo; siete, el número de los dones del Espíritu Santo. Por la mole, y por la forma, el Edificio era similar a Castel Urbino o a Castel dal Monte, que luego vería en el sur de la península italiana, pero por su posición inaccesible era más tremendo que ellos, y capaz de infundir temor al viajero que se fuese acercando poco a poco.

Umberto Eco (El nombre de la rosa)